«¿Qué más tiene que pasar para darnos cuenta?» Desde Iquitos, ciudad panamazónica con mayor contagio, José Manuyama reflexiona sobre el Coronavirus
Mar20

«¿Qué más tiene que pasar para darnos cuenta?» Desde Iquitos, ciudad panamazónica con mayor contagio, José Manuyama reflexiona sobre el Coronavirus

José Manuyama, en el reciente Encuentro Inter regional de Forum Solidaridad Perú (Lima, 27 a 29 de febrero de 2020)   Desde la ciudad de Iquitos, región Loreto, que está en su tercer día de confinamiento y que ha pasado a ser la segunda ciudad peruana con más contagio del Coronavirus, después de Lima, al tiempo que la de mayor número de casos de toda la panamazonía, según informe elaborado por REPAM. Compartimos las reflexiones de José Manuyama, docente y miembro del Comité de Defensa del Agua de Iquitos, miembro del Grupo Nacional de Defensores/as de Ríos de Perú y del Foro Social Panamazónico quien, además, recibió en 2017 el reconocimiento «Defensor Ambiental» otorgado por la Presidencia de la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología del Congreso de la República.   Más allá del pánico Por José Manuyama Si te da pánico el coronavirus, deberías averiguar que está pasando con la crisis climática y su efecto destructivo para la humanidad. Debes conocer sus factores causantes: el secuestro de la conciencia de la gente, el modelo de consumo ciego y contaminante, el negocio energético petrolero, la salvaje deforestación, entre otros. Los gobiernos mienten, parecen preocupados hoy por el virus, les preocupa desaparecer a éste, pero no dicen nada de la catástrofe ambiental global en curso. Cómo si todo estuviera funcionando a la perfección hasta que apareció el germen aguafiestas. Por ello, derrotado el patógeno todo debería continuar igual, es decir trabajar para el crecimiento económico, aunque éste tenga que arrasarlo todo hasta el extremo de extinguir la vida entera. A la fuerza el coronavirus nos plantea cuestiones tan básicas para la vida que hoy no cuentan para nada: la importancia de cultivar relaciones armoniosas, la protección a nuestros seres queridos y especialmente a los más vulnerables. La salud no tiene precio. El comercio es bueno en cuanto complementa la satisfacción de las necesidades humanas pero no puede regir todo resquicio social y biológico, pues el efecto es devastador. Las evidencias sobran. La vida debe recuperar su sentido de gratuidad natural como lo fue siempre. El agua, el aire, los bienes del bosque, el sol no son de nadie. Están ahí para ser aprovechados según las necesidades humanas. Si después de todo no reaccionamos, todo volverá a la normalidad fúnebre vestida de fiesta y soportada con grandes dosis de algarabía psicotrópica. Que más tiene que pasar para darnos cuenta que esa idea inoculada de la búsqueda del “gran dorado del Oro” ha caducado como búsqueda de bienestar. El primer mundo fue una ilusión. Fue tan corta. Tan absurda. Tan contradictoria como salvaje. Nada que ver con la búsqueda al interior...

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