Alternativas de seguridad y soberanía alimentaria en la Amazonia frente al acaparamiento y destrucción de sus tierras

 

  • Compartimos esta nota informativa sobre el Foro de alimentación en la Panamazonía, parte del proceso hacia al IX Foro Social Panamazónico (12 al 15 de noviembre de 2020), una de cuyas panelistas fue nuestra compañera, Rosario Romero, especialista de Forum Solidaridad Perú 

 

Así fue el webinar: Defendiendo la vida y cuidando la panamazonía desde la alimentación

Escrito por Camilo Chica, comunicaciones Fospa Colombia

Continuando con los ejercicios virtuales del Fospa en Movimiento el pasado viernes 9 de octubre, se realizó el webinar sobre la vida y cuidado de la Amazonía desde la alimentación. Este encuentro, está en el marco de la Iniciativa de acción -IdeA- sobre soberanía, seguridad alimentaria y agroecológica, para y desde los pueblos amazónicos, la cual estuvo moderada por German Niño, miembro de la organización CIASE y del Comité nacional Fospa Colombia, quien invitó a conocer nuevos aspectos, opciones, acciones y perspectivas sobre la soberanía y seguridad alimentaria, en el territorio amazónico.

La primera intervención estuvo a cargo de Heraldo Vallejo de la Mesa Amazónica de Mocoa Colombia y dinamizador en esta ciudad andino amazonica del IX Fospa. Inició su presentación hablando sobre la necesidad de “establecer las bases para la defensa de la vida desde el ejercicio de seguridad, la soberanía y la autonomía alimentaria en la Amazonía”, bajo los conceptos de: 1. seguridad, como la obligación de los Estados de garantizar la disponibilidad de alimentos; 2. la soberanía, como el derecho de los pueblos, de definir su política agraria y alimentaria, libre de imposición foránea; y 3. la autonomía, como la libertad de las comunidades para adoptar de acuerdo a su cultura, los sistemas de producción y consumo de especies alimentarias y medicinales disponibles en sus territorios.

Estas perspectivas, se anudan a la necesidad de conocer las características ambientales de la Amazonía, condicionantes y con funciones ecosistémicas propias, para la producción de alimentos. Estos, tienen que ver con la fragilidad que presenta el suelo, que, con la tala de selva, se ha quedado sin nutrientes y la fertilidad se agota rápidamente; de igual manera, la preparación del suelo depende del aporte constante de materia orgánica, por parte de la cobertura vegetal; a lo que se le suma, la lluvia con altas precipitaciones; la acidez característica del suelo; el brillo solar diferenciado en relación a las necesidad de las plantas y la biodiversidad cultural con culturas originarias, que han modelado la evolución de la selva. Resaltó, que estos condicionantes y su potencialidad deben ser tenidos en cuenta, para desarrollar los sistemas productivos sostenibles.

Durante su exposición, Heraldo se refirió al concepto de selva amazónica como sistema que está compuesto de diversos componentes que interactúan y si alguno de estos es quitado, deja de funcionar correctamente. Por tal se deben tener en cuenta los sistemas productivos amazónicos, en cuya diversidad cada componente del sistema interactúa y de este mutuo aporte, da como resultado la vida, por tanto, es imposible pensar en monocultivos. Frente a este panorama, planteó tres sistemas alternativos que generan un equilibrio entre las entradas y salidas de energía. El primero de ellos, la selva como sistema productivo; el segundo, en los lugares que no existe selva, crear bosques alimentarios de manera análoga y por último, las diversas formas de huertas.

Frente al sistema productivo dijo que en la selva como sistema de vida hay producción alimentaria consumiendo lo mismo que consumen los animales, junto a las plantas que históricamente los habitantes de la Amazonía han consumido como la chirimoya, el maraco, la palma, entre otras, que se pueden clasificar para el alimento, la medicina, para materiales artesanales y de construcción. Por lo que “no es posible tumbar la selva para producir un sistema alimentario, cuando la selva es capaz de proporcionar eso de mejor forma, en mayor cantidad, mayor diversidad y mejor calidad.

Para los lugares sin selva planteó que se podrían establecer bosques productivos, desde los conceptos de nutrición, teniendo en cuenta que las plantas y animales son seres vivos, que generan macrolementos, elementos secundarios y micro elementos; por lo tanto, hay que establecer bosques agroalimentarios, como lo hace la selva, que ya tiene balanceados los nutrientes necesarios como el nitrógeno con las leguminosas; el potasio, que está en el suelo y es movilizado y distribuido por algunas plantas; y el fosforo, que lo recogen, concentra y redistribuye las palmas, de forma orgánica al resto de las plantas de la comunidad.

Frente a las huertas, expresó que en las áreas sin selva o zonas urbanas, se hacen distintos sistemas de huertas, ya sea con plantas herbáceas o arbustivas o huertas de cajón. En relación, con la preparación de la tierra para esto, señaló como las comunidades indígenas tienen sistemas, como el de la tierra preta, en los sitios de suelos rojos, con alto contenido de carbono, para que los cultivos que allí se establezcan sean productivos sosteniblemente; conocimientos que se deben traer a la actualidad, para garantizar que las huertas no agoten los suelos. En el mismo sentido, resaltó, la importancia del carbono vegetal activado, con propiedad de carga eléctrica, que cuando la materia orgánica se descompone y libera los nutrientes, el carbón los retiene de forma que cuando llueve no son llevados por las corrientes, sino que son guardados en los polos del carbón y cuando las plantas los requieren hay un proceso microbiano, en donde se alimentan las plantas.

En relación a esto, planteó, que se deben generar una serie de apuestas, para lograr una alimentación sostenible: La cultural, para que la gente se transforme y asuma una cultura armónica, que reconozca y aprenda las practicas ancestrales, en vez de tumbar la selva y adecuarla a la cultura occidental; la economía, en la que se deben establecer modelos compatibles con la dinámica eco-sistémica amazónica; la educación, que este, basada en la pedagogía de la tierra y la vida, que incentive el consumo de lo propio como base de la identidad, autonomía y la sostenibilidad; la salud, que conozca la diversidad y la use a una adecuada nutrición; y la espiritualidad, que establezca acuerdos de convivencia que contemple el derecho a la vida de todos los seres presentes en el territorio. Y para lograr estas apuestas, han emprendido un camino comunitario de intercambio de experiencias, investigación propia, comunicación, incidencia, articulación con las instituciones, la convergencia y la movilización.

Por su parte, Clara Grisel Ximena Lombana, de la Vicaria del Sur, Arquidiócesis de Florencia Caquetá Colombia, centró su intervención en el impacto del covid-19 y como éste agudiza las pandemias históricas que sufre la Amazonía. Pone en colación, como los destructores de la Amazonía no entraron en cuarentena y aprovecharon el miedo y la imposibilidad de movilización de las comunidades originarias, para aumentar las actividades extractivas, los incendios, la titulación para las actividades mineras, la flexibilización de la normativa ambienta en la mitigación, prevención y proteger, la vulneración del derecho a la participación para la toma de decisiones sobre el territorio, frente al impacto y ejecución de los proyectos.

Aclaró que el problema de la pandemia, involucra a la sociedad en general y su dinámica de consumo. Resaltó, un informe de Dejusticia en Colombia, en el que se demuestra como la comida procesada “chatarra” ha aumentado su consumo en los centros urbanos y grandes sociedades, que demuestran el bajo indice de alimentación de productos indígenas y campesinos; hecho que pone en cuestión los hábitos que se deben cambiar para defender la Amazonía. Enmarcó esto, en la necesidad de entender la Amazonía y su círculo biótico, desde la corresponsabilidad y la glocalidad, ya que las decisiones que se toman en el mundo sobre la Amazonía, afectan a toda la humanidad.

Frente a los impactos en el derecho a la alimentación, reseñó, que se debe tener en cuenta el enfoque del impacto general a los alimentos como algo sagrado y como esto afecta a las diversas comunidades en el territorio amazónico, que es diferenciado en los momentos de cuarentena, en relación con las restricciones más flexibles de movilización; y que también es diferenciado, si es un espacio urbano, rural o un territorio aislado. En términos generales, resaltó, como ha afectado la alimentación, desde el cierre y/o restricciones de los lugares de acopio y comercialización, la perdida de los alimentos de estación en el campo, y, por otro lado, con el fortalecimiento de las compras digitales las cuales favorecen la desmaterialización de los alimentos, generando dependencia al suministro externo con lo que se contrasta la apuesta del campo de fortalecer la soberanía alimentaria, como una necesidad.

Relaciono esto con las cifras de la FAO que plantean que las personas en situación de hambre van a aumentar los próximos años. Para el 2019 se reportaron 48 millones de personas en esta situación, las cuales proyectadas para el 2030 son más de 67 millones, que puede aumentar si se agudizan los impactos de las pandemias. Esto plantea que la población ha tenido menos acceso a medios de vida, que incluye el acceso a alimentos sanos y necesarios, lo cual esta relacionado con la pobreza oculta, evidenciada en la clase media, el sector informal, el comercio, los trabajadores independientes.

Frente a los impactos diferenciados por población, habló desde la socio-diversidad que existe en la Amazonía, que evidencia como los pueblos indígenas no tienen el acceso adecuado a la información en salud, no cuentan con políticas públicas diferenciales, carecen de infraestructura hospitalaria y acceso a servicios de salud adaptado a sus necesidades y contexto cultural y el incremento de actividades extractivistas legales e ilegales, sumado a la militarización del territorio que impide la libre movilidad y acceso a los sitios: sagrados, culturales, de alimentación y medicina.

Esto se contrasta con los procesos de familias que avanzan en apuestas de seguridad alimentaria que han cambiado sus prácticas para vivir en armonía con la selva amazónica, lograron fortalecerse y surtieron a sus familias en los cascos urbanos y ciudades, que además fortaleció los lazos de economía solidaria.

Por su parte, Rosario Romero, integrante del Fórum Solidaridad del Perú, planteó su intervención desde la problemática de la concentración de la tierra como un peligro para la soberanía y seguridad alimentaria, resaltando, que para reconocer este problema es necesario identificar los factores de producción, bajo el modelo de desarrollo, que tiene 4 factores fundamentales: la tierra, el trabajo, el capital y la tecnología. Estos como bienes y servicios se vuelven mercancía que satisface unas necesidades o generan un bienestar a determinadas personas y que finalmente tienen un precio.

En relación a esto, explicó que la concentración y extranjerización de tierras que se observa en América Latina, es un proceso de adquisición de grandes extensiones de tierra para la producción de materias o bienes primarios, para usos agrícolas, forestales, obras de infraestructura, entre otros; además, la han usado para exportar productos agrícolas y agrocombustibles no tradicionales, como la soya, el trigo, la caña de azúcar, la palma aceitera. Resaltó que la concentración de tierras puede producirse por compra o alquiler, y que tiene mucha importancia, en este proceso para los inversionistas, convirtiendo a los agricultores en asalariados y contratistas de las grandes empresas.

De esto dependen una serie de factores que influyen para la concentración y atraen la inversión: una alta demanda de productos de exportación a gran escala, los acuerdos multilaterales infraestructurales de integración como el IIRSA, la inseguridad del mercado financiero, que genera el desplazamiento de inversiones a la compra de tierra, las políticas públicas que promocionan la compra de tierras, la débil regulación del mercado de las mismas y la falta de título de los usuarios. Todos estos, resaltó, se contrastan con los factores que desmotivan la concentración de la tierra, como la baja seguridad jurídica para la compra de estas en muchos países, las condiciones políticas inestables, los conflictos de poderes, la corrupción, las tensiones entre fuerzas políticas, las protestas sociales, las demandas de poblaciones indígenas con apoyo de organismos internacionales, entre otros.

Para el caso de Perú, expuso como la distribución de la tierra, para el censo del 2012, a partir del censo agropecuario, muestra que la tenencia dividida en unidades familiares está distribuida en un 97% para la agricultura familiar, que equivale a un 52% de la superficie agropecuaria; en relación a un 3% de agricultura no familiar, que posee un 52% de la superficie. Hecho que demuestra una profunda desigualdad en la distribución de la tierra y un acaparamiento altísimo de la misma por parte de los grandes capitales; lo que se evidencia en mayor medida en la zona costera y en la Amazonía con la deforestación y apropiación de bosques primarios para el cultivo de palma aceitera.

En relación a Latinoamérica, mostró como, según la FAO, existe una amplia cantidad de inversionistas que se apropian de la tierra; en el caso de Argentina hay capitales de Brasil, Uruguay, Paraguay, China, Corea del Sur, Arabia Saudí, Qatar, India, Corea del Sur; para el caso de Brasil, existen capitales de Bolivia, Colombia, Paraguay, Uruguay, Chile, India, Arabia Saudí; en Chile, hay capitales de Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, Ecuador, Perú; en Colombia, hay capitales de Bolivia, Perú y en el caso de Perú, las inversiones mayores son de China, Colombia, Chile, Corea del Sur. Hecho que ocurre en toda la región, donde se invierte para la producción de soya, trigo, ganado, caña de azúcar, fruta, aves de corral, lácteos, vinos, semillas, palma aceitera, remolacha, arroz, maíz, plátano, entre otros.

A nivel político, el poder que adquieren estas empresas dificultan los procesos democráticos y se convierten en poder paralelo al Estado, afectando la soberanía del país al influir en las dinámicas políticas locales; a nivel económico, las empresas invierten en las economías locales cambiando la situación del productor, quien se convierte en asalariado o contratista y de esta manera el crecimiento de la empresa genera dependencia en la población rural, generando mayores desigualdades; a nivel ambiental, se recurre, dependiendo del cultivo, en el uso intensivo del suelo y el agua; y a nivel social, se observan conflictos entre la empresa y las comunidades por el valor de la tierra y se generan desplazamientos por la tenencia y concentración de la misma.

Como conclusión expuso que el modelo de desarrollo favorece la concentración de la tierra a favor del gran capital en los países exportadores que cumplen el rol de aprovisionar de materia prima a los países industrializados; por otro lado, los Estados latinoamericanos promueven políticas públicas que promocionan las inversiones en tierras, con una débil regulación y titulaciones insuficientes, que se ejecutan en la Amazonia como si fuera una tierra vacía, sin que nadie tenga propiedad sobre este territorio.

Estos factores ponen en riesgo la seguridad alimentaria, al afectar las áreas de producción con el incremento de los monocultivos y la expansión de las ciudades; el incremento de importaciones de alimentos, a causa de las dinámicas de consumo, el incremento del desplazamiento de las zonas rurales a las ciudades y el cambio de las formas de vida de las comunidades ante todo indígenas, aumentando los cinturones de pobreza y, el riesgo inminente de una crisis alimentaria. De igual manera, señaló que las condiciones para la soberanía alimentaria son más débiles, debido a que los pueblos ya no deciden que consumir, se está perdiendo el control de la tierra y las semillas; y el alimento ya no es visto como un derecho sino como una necesidad que se resuelve en el mercado.

En el cierre del webinar, intervino María Emilia Lisboa, de FASE Brasil con una exposición acerca de las políticas públicas en este país donde, como parte del proceso de democratización después de 20 años de dictadura, los movimientos urbanos y rurales se movilizaron para luchar por la erradicación del hambre y promover la soberanía y seguridad alimentaria y nutricional, a partir de políticas participativas. Para esto la institución del Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional en el 2003 como un órgano asesor del gobierno compuesto por 2/3 de la sociedad civil, fue esencial para la puesta en marcha del programa Hambre Cero, como prioridad en el primer mandato del presidente Lula; logrando, en el 2006 la aprobación de una ley que estableció el sistema de la política nacional de seguridad alimentaria y nutricional, que fue aprobada en una asamblea nacional con la aprobación de miles de personas, con prioridad en la calidad de los alimentos y respeto a las culturas alimentarias. Posteriormente, se aprobó una enmienda constitucional, que reconoce la alimentación como parte de los derechos sociales, después la aprobación de la política nacional de agroecología desde el desarrollo sostenible de las comunidades tradicionales.

Señaló como ejemplos de programas de políticas específicas sobre la seguridad alimentaria y nutricional y el camino de la soberanía alimentaria; el programa Nacional de Alimentación Escolar, que cumple un papel estratégico en el acceso de la alimentación a más de 40 millones de estudiantes de la red pública de Brasil; de igual manera, el Programa de Adquisición de Alimentos de los Campesinos, Comunidades Brasileñas Residentes y Pueblos Indígenas para formar los stocks públicos de alimentos y atender a las poblaciones vulnerables; el programa de Activación de la Producción Sustentable para las Mujeres; también, se creó una política para garantizar precios mínimos a los productos de la socio diversidad con una subvención directa para los productos de la selva, para la conservación del bioma y sus pueblos; se realizó también un programa de transferencia de ingresos, que tuvo dificultades generales en las políticas, para la reducción de uso de agrotóxicos, una reforma agraria estancada, la demarcación de tierras de los pueblos indígenas fue poca, etc.

Por otro lado, señaló, que este proceso tuvo reveces derivados de otros factores, como el aumento de la pobreza asociadas a las medidas neoliberales, con intensificación de medidas de austeridad que se incorporaron en la constitución nacional, como la enmienda constitucional que congelo los gastos sociales durante 20 años, para los programas sociales, con la consecuencia de un recorte para los sistemas de salud, alimentación, educación, etc; sumado a reformas laborales, que quitaron medidas de protección social, que garantizaban la seguridad alimentaria y nutricional; lo que se empeora con el gobierno de Bolsonaro, que es un poder autoritario y militarizado, que como primera medida, extinguió el Concejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional; regresando el Brasil al mapa del hambre.

Frente a esto, indicó que hay propuestas de lucha y resistencia, como el proceso de la Conferencia Popular Democrática y Autónoma sobre soberanía alimentaria como expresión de decenas de movimientos sociales: de igual manera, la puesta en marcha de varias campañas para la adquisición de alimentos y levantamientos populares de la Amazonía con la unión de agendas y luchas de varios movimientos para garantizar la defensa de la soberanía de los pueblos de la Amazonía. Finalmente cerró su intervención leyendo parte del manifiesto del levantamiento: “Defendemos la Amazonía y seguridad alimentaria nutricional y la garantía de ingresos… en el ámbito de las acciones gubernamentales. En la Amazonía hay pueblos que crearon economías sobre ecológicas y comunitarias, que fueron inviabilizadas por los proyectos de destrucción y muerte de la agro, hidro, minero industria. Es necesario reconocer que la soberanía alimentaria de la Amazonía está vinculada a la preservación de las formas de vida y el manejo de los bienes naturales que practican sus pueblos”.

Los expositores intervinieron frente a la problemática con los consumidores y las estrategias que se pueden generar para la modificación de hábitos. Se indicó la necesidad de adquirir los productos con la compra directa, por ejemplo, en las ferias o mercados, que se pueden hacer como el Movimiento Sin Tierra del Brasil con los productos de todos los biomas. También, indicaron, que es importante que los consumidores sean invitados a ir al campo y a la selva y conocer los productos, generar encuentros entre los consumidores y productores; de igual manera, la construcción de sociedad de consumidores, para participar en la compra de mercados campesinos, así los apoyan económicamente y realizan la divulgación de los alimentos y sus orígenes.

Sobre este tema se planteo la importancia de los gremios agrarios, y como exigen que en las compras públicas se consuman productos locales, es decir, que los programas alimentarios compren la producción local, lo que permitiría continuar con las prácticas de consumo saludable, que además dinamizarían las pequeñas economías y fortalecerían el desarrollo de las localidades y contribuyen al consumo de alimentos propios, que podrían frenar, por ejemplo, la dependencia alimentaria que se tiene con el trigo, la soya, los lácteos, entre otros, que ligan a las comunidades al mercado internacional; y para esto indicaron, es importante revitalizar y reproducir, las prácticas y costumbres tradicionales de producción.

De igual manera, se propuso para el cambio de hábitos, el cuidado de la salud desde la nutrición, el reconocimiento de la espiritualidad, la reivindicación del campesinado y los pueblos indígenas rescatando sus economías alternativas y solidarias y la construcción de políticas de compra de alimentos teniendo en cuenta las necesidades de los pequeños y medianos productores.

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