Por: Fabian Simeon
Con la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) los gobiernos de 12 países de América del Sur lanzaron en el año 2000 una visión de integración del continente. Esta integración prometía un desarrollo equitativo y sostenible para los pueblos. Después de nueve años se constata que la visión de los presidentes que iniciaron IIRSA difiere mucho de la visión que los pueblos tienen y desean. La situación actual en el Perú con la lucha de los pueblos amazónicos por sus tierras es otro de los numerosos ejemplos que muestra a los diferentes intereses de gobiernos y de la población. Si IIRSA quiere ser exitosa, ahora es el tiempo de construir un nuevo fundamento para un verdadero desarrollo equitativo y sostenible.
Una buena y moderna infraestructura es muy importante para el desarrollo de un país y nadie lo niega. Inversiones en infraestructura de transportes, abastecimiento seguro de energía y una red estable de telecomunicaciones atraen inversiones, refuerzan la economía y así crean puestos de trabajo. Pero la infraestructura puede solo reforzar un modelo económico explotador que beneficia a pocos y perjudica a las comunidades, el ambiente y - en el peor de los casos - limita o aniquila el potencial de un desarrollo sostenible para todos. La pregunta clave es: ¿cómo podemos evitar los efectos de de estos proyectos de infraestructura mal diseñados?
Cada desarrollo debe basarse en la visión de la población, en sus necesidades y en sus potencialidades. Una estrategia de desarrollo que no toma en cuenta estos tres elementos no sirve para el pueblo, no sirve para ganarle la lucha a la pobreza y no sirve a las futuras generaciones del país. Estos elementos son el marco, dentro del cual, el Estado y sus entidades tienen que actuar. El pueblo debería elegir el tipo de desarrollo que desea. El Estado y el gobierno son solo actores que deben ayudar al pueblo a concretar sus ideas, a plasmar su visión. Es hora de preguntarnos: ¿Quien desarrolló la visión de IIRSA?
Desde el inicio, IIRSA y sus proyectos fueron y son planificados en las oficinas de los ministerios e instituciones financieras como el BID, CAF y FONPLATA. El pueblo no fue consultado y los procesos de consulta en algunos proyectos se limitaron a informar sobre el proyecto, recibir algunas sugerencias de los pobladores, pero no más. No hubo una inclusión previa en el diseño de los planes y en la definición de las necesidades y mucho menos existen procesos de aprobación por la población. Por eso se puede decir claramente: IIRSA no se basa en la visión de los pueblos, sino en la visión de gobiernos y de grandes instituciones financieras. Donde las consecuencias se reflejan en un pueblo excluido en los procesos de decisión.
Hasta hoy – a pesar de que la crisis internacional es prueba fehaciente del fallo de este sistema - las mencionadas entidades gubernamentales y financieras siguen un modelo económico anticuado. Para ellos, desarrollo equipara a crecimiento económico, no importa la calidad y la sostenibilidad del crecimiento, mucho menos el bienestar de los pueblos. Continúan con el modelo económico que se basa en explotar los recursos naturales a corto plazo. Factores como tradiciones, culturas, biodiversidad, bienestar, salud, medio ambiente y autodeterminación no tienen valor económico y por eso no se incluyen en los cálculos económicos de dicho modelo. Así la rentabilidad de la explotación de recursos hídricos, petroleros, mineros, agroindustriales y madereros es tan alta, que todas las actividades de desarrollo económico se concentran fuertemente en estos sectores. Y los proyectos de infraestructura de IIRSA se incorporan a esta lógica engañosa. ¿Por qué engañosa? Porque todo se realiza sin consultarle al pueblo, lo cual conlleva consecuencias graves. La lucha de los pueblos amazónicos en el Perú en estos días es nada más que la expresión de sus deseos, de crear y realizar su propia visión de desarrollo, un desarrollo que no es planificado y decidido en algunas oficinas gubernamentales o empresariales de la tan lejana Lima y no en sus tierras, en las que viven desde hace miles de años.
Aún hay tiempo para que IIRSA incluya al pueblo, para que base sus proyectos en la visión de desarrollo de la población, en sus necesidades y su potencial, y no solo en el de algunos actores económicos o políticos. Pero las oportunidades son pocas para que los empresarios y el gobierno cambien de actitud. Persiste el peligro, pues pocos deciden el futuro de todos. ¿Una prueba? IIRSA ya definió su visión de negocios para las zonas en el Perú, lamentablemente, sin que el pueblo fuera incluido en el proceso, otra vez.